Miopía espiritual

Rara vez acudimos a un espejo para felicitarnos por un éxito, por un sueño alcanzado, o para dedicarnos una sonrisa amable y amorosa por habernos sentido llenos y plenos. Es más frecuente acudir a un espejo en busca de un alivio a nuestra propia tortura mental o en búsqueda de un culpable, incluso en búsqueda de una persona que nos ayude a superar nuestras más íntimas debilidades.

El mundo es un gran espejo para el que se inicia en el camino espiritual.

Aunque conocemos la teoría sobre nuestro propio poder interior, sobre la necesidad de cierto desapego de las cosas, de los lugares, de las persona, de los sucesos, del futuro, y del pasado, es fácil sucumbir al deseo de permanecer en nuestra zona de confort.

El amor hacia uno mismo se confunde con el egoísmo. El sacrificio personal se confunde con el comportamiento elevado. La negación de las necesidades físicas se confunde con la búsqueda de recompensas espirituales. La moralidad con el deseo divino. El despertar de nuevos dones psíquicos con el crecimiento espiritual. La huída hacia adelante con la ascensión.

¿Qué persigue pues el ser humano que siente el llamado a un nuevo despertar de la consciencia?

Si la pobreza y todos los tipos de carencias son enfermedades mentales, un ser iluminado no necesita nada porque lo tiene todo a su abasto.

El ser humano consciente de su divinidad pisa el suelo de este planeta sintiéndose parte del todo, pero no destruye su humanidad, solo la transforma. No quiere aniquilar su individualidad. Se convierte en un dios encarnado. No es Dios, y al mismo tiempo lo es.

Cuando la miopía espiritual te golpea, no quieras mirar el reflejo del mundo en búsqueda de un culpable, observa más bien tu mundo interior y verás las claves que distorsionan tu visión de la vida, de tu camino espiritual.

Sabes que tu alma no es una entidad ajena a ti.

Y tú no eres un ser imperfecto, pues nada que provenga de la fuente puede serlo. La vida es un camino, una experiencia que te acerca más a ti mismo. ¡Que así sea!

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Hipocresía espiritual

Oh, ser humano que has tomado tierra, que vives una vida humana en un cuerpo humano, que feliz y perturbador es sentir esa llamada, ese golpe de nudillos en la puerta de tu mente, que voy a llamar el despertar espiritual.

Ante ti opciones, caminos, actitudes, decisiones, que van a dibujar tu experiencia humana.

Y sí, ante ti, muchos dogmas espirituales y muchas ideas sobre lo que es Dios, sobre lo que debe ser o no debe ser tu vida espiritual. Algunas de esas opciones, ideas, van a invitarte a dejar de lado tu humanidad, tus deseos, tu ser terrenal, para concentrar tus esfuerzos, tu tiempo, tu energía en “lo más alto”, en “lo más elevado”.

Pero ¿Qué sentido tiene pensar que hay un Dios y que hay una vida, pero que debes pasar por alto la vida para servir a Dios?

¿Qué tipo de hipocresía es renunciar a la vida para ser espiritual?

Ese concepto limitante quiere que renuncies a tus sueños, que renuncies a tus emociones, que renuncies a tu pasión por la vida para encontrar “el camino” que te acerque a Dios.

Si decides vivir tu espiritualidad a través de las drogas o las plantas de poder, envenenarás tu cuerpo físico e iniciarás un camino lento pero seguro hacia tu muerte.

Si tu espiritualidad se basa en los ritos, los cánticos, la oración y la meditación, dibujarás amplios círculos de autocomplaciencia alrededor de una idea, de un concepto, de una tradición o de una “sensación de espiritualidad”. En el mejor de los casos trascenderás tu humanidad y entonces abandonarás tu cuerpo, te iluminarás y abandonarás este plano terrenal.

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O puedes iniciar un camino que te conduzca realmente hacia tu divinidad, pero para ello deberás aprender a amarte a ti mismo.

Solo si eres capaz de amarte a ti mismo podrás amar a la vida. Amarse a sí mismo es egoísta, pero si no es así, no puedes amar a otro.

Es una hipocresía flagrante carecer de amor propio y profesarlo por otro. Es una hipocresía vivir por y para otros y no por y para ti mismo, porque si no te amas a ti mismo, tu amor por los otros es frágil y se lo lleva el viento.

Cuando te amas a ti mismo con la fuerza suficiente para despertar de tu sueño, de tu cautiverio, o de tu drama de ser víctima, ser criticado, ridiculizado y perseguido, entonces empiezas a comprender que Dios está en ti.

El camino espiritual es un camino hacia tu interior.

¡Despierta! Ser maravilloso y lleno de luz ¡Vuelve a la vida!

¿Qué limita mi camino espiritual?

 

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