Hipocresía espiritual

Oh, ser humano que has tomado tierra, que vives una vida humana en un cuerpo humano, que feliz y perturbador es sentir esa llamada, ese golpe de nudillos en la puerta de tu mente, que voy a llamar el despertar espiritual.

Ante ti opciones, caminos, actitudes, decisiones, que van a dibujar tu experiencia humana.

Y sí, ante ti, muchos dogmas espirituales y muchas ideas sobre lo que es Dios, sobre lo que debe ser o no debe ser tu vida espiritual. Algunas de esas opciones, ideas, van a invitarte a dejar de lado tu humanidad, tus deseos, tu ser terrenal, para concentrar tus esfuerzos, tu tiempo, tu energía en “lo más alto”, en “lo más elevado”.

Pero ¿Qué sentido tiene pensar que hay un Dios y que hay una vida, pero que debes pasar por alto la vida para servir a Dios?

¿Qué tipo de hipocresía es renunciar a la vida para ser espiritual?

Ese concepto limitante quiere que renuncies a tus sueños, que renuncies a tus emociones, que renuncies a tu pasión por la vida para encontrar “el camino” que te acerque a Dios.

Si decides vivir tu espiritualidad a través de las drogas o las plantas de poder, envenenarás tu cuerpo físico e iniciarás un camino lento pero seguro hacia tu muerte.

Si tu espiritualidad se basa en los ritos, los cánticos, la oración y la meditación, dibujarás amplios círculos de autocomplaciencia alrededor de una idea, de un concepto, de una tradición o de una “sensación de espiritualidad”. En el mejor de los casos trascenderás tu humanidad y entonces abandonarás tu cuerpo, te iluminarás y abandonarás este plano terrenal.

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O puedes iniciar un camino que te conduzca realmente hacia tu divinidad, pero para ello deberás aprender a amarte a ti mismo.

Solo si eres capaz de amarte a ti mismo podrás amar a la vida. Amarse a sí mismo es egoísta, pero si no es así, no puedes amar a otro.

Es una hipocresía flagrante carecer de amor propio y profesarlo por otro. Es una hipocresía vivir por y para otros y no por y para ti mismo, porque si no te amas a ti mismo, tu amor por los otros es frágil y se lo lleva el viento.

Cuando te amas a ti mismo con la fuerza suficiente para despertar de tu sueño, de tu cautiverio, o de tu drama de ser víctima, ser criticado, ridiculizado y perseguido, entonces empiezas a comprender que Dios está en ti.

El camino espiritual es un camino hacia tu interior.

¡Despierta! Ser maravilloso y lleno de luz ¡Vuelve a la vida!

¿Qué limita mi camino espiritual?

 

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